Piura se desliza en una brava trapisonda de algarrobos, vendavales de arena y ruedas de ticos y mototaxis. Hay calles larguísimas, con sur y norte, donde se siente la historia y la melancolía; avenidas de bullaranga, azar, soledad y esmog, y muchas esquinas donde posan taxis apilados, emolienteros, noctámbulos y putitas de mala muerte.
La avenida Sullana es vocinglera y multicolor, acompañada por la polvareda, la inmundicia y el delirio de un mercado central tan variado como sutil en su desorden. Desde su inicio en el cruce con la Av. Cáceres hasta la Av. Circunvalación, la ‘Sullana’ se extiende aproximadamente dos kilómetros, y mantiene una berma central ataviada con algarrobos y tamarindos hasta el cruce con la Av. Sanchez Cerro. Abarca todo el lado norte del Mercado Modelo y los centros poblados San Ramón, Angamos, Pachitea, Los cocos, Piura Cercado, la Unidad Vecinal y Los Titanes.
Altos y viejos algarrobos sin retoño ventilan la Av. Sullana herida por obras municipales atrasadas. Frente al CERT Piura se divisa tienditas de primera necesidad, el hospedaje San Ramón - medio muerto y barato para las parejas que buscan sexo- y “El buen paladar”, una cevichería de dueño ayabaquino visitada particularmente por transportistas, comerciantes y amantes recatados.
Al llegar a la esquina de la calle “A” de la urbanización San Ramón se aprecia calzadas averiadas por el daño de las lluvias. Surgen ventarrones de polvo, mientras ticos y mototaxis estacionadas azuzan un tráfico intolerable. Amas de casa, cocineras y empleadas sudorosas, cautas, caminan apresuradas con la compra doméstica, y aparecen, nunca se sabe, hombrecillos que venden limón, naranja y ajo por cuartilla. Esta calle nos lleva al mítico jirón Moscú, un vericueto inaudito donde la chicha y el ceviche de caballa retumban en los baldes, en los platos de plástico y en los potos. No falta la cachema frita, la sopa de pata de toro y la carne seca ofrecidas en bares y restoranes fielmente concurridos por bohemios, vagabundos, bravos asaltantes y rateros de poca monta.
Pasando una cuadra más encontramos dos agencias de transportes: El Poderoso Cautivo de Ayabaca y Santa Lucia, cuyas rutas comprenden Sullana, Las Lomas, Paimas, Ayabaca, Montero, Jililí, hasta llegar al lejano distrito de Sichez. Junto a estas agencias se levanta una construcción extraña, de muchas jaulas, con base de madera y rejas de fierro, donde se exhiben palomas, halcones, patos, ganzos, una ardilla y un pequeño gibón, llamando la atención de los caminantes que, durante varios miutos, observan la tristeza de estos animales encerrados, cuyas crías son vendidas según el ciclo reproductivo de cada especie.
Al llegar al jirón Blas de Atienza, la avenida Sullana es la representación inequívoca de Piura actual: el desorden, la suciedad, el polvo y las lisuras forman una conjunción que la gente acepta con resignación y se adecúa a ella. Hasta la Av. Sanche Cerro, el Mercado, la Av. Country y la Av. Sullana son señores absolutos de la economía popular piurana, que gana protagonismo por su movimiento y su melodía: se vende y se compra, van las monedas y los billetes de mano en mano; la caserita ofrece la papa, la cebolla y la caballa; te sirven la chicha y su regalo; se arreglan y fabrican bicicletas en “La Bicla”; gritan los motolinieros; se venden repuestos y autos de segunda; se pregunta, se negocia y se remata; ofrecen los canillitas; se imponen los silvatos del policía; roncan los autos; titubean los borrachos; gritan los bohemios, los pordioseros y los locos que anda por ahí, pidiendo una quinita, un pan, quizá una manzana.
También están los ladronzuelos y los drogadictos: arduos, pasivos y atentos, esperando el momento oportuno para dilinquir en pandilla, vender el botín y luego comprar la marihuana, la coca y la PBC. Se deslizan, como conejillos de indias, los carretilleros. Algunos son alumnos que estudian la nocturna en cualquier escuela; otros son pobres niños que mantienen a su familia , y unos pocos son fumones que silencian su angustia por las noches.
Después del grifo Primax en el cruce con la avenida Sanchez Cerro, la ‘Sullana’ es serena, cálida, a veces fresca. Se atisba el gran museo Vicús junto a la Pinacoteca Municipal, en la que esporádicamente suelen proyectar filmes y se realizan exposiciones pictóricas y fotográficas. La obra de mejoramiento de alcantarillado ya concluyó, y los resultados son favorables: este tramo no tiene acabados irregulares, pero sí falta sembrar grass en las bermas laterales. Por las veredas se arrastran perros, gatos, niños pobres, personas solitarias con documentos entre las manos, trabajadores y señoritas que salen de las oficinas de la Sunat, de Edenosa, de las notarías o de algún vericueto de la ciudad.
El caminar se hace pausado, no por el temor de que la soledad apremie un robo, sino porque hay una falsa tranquilidad. Luego, en las intersecciones con el pasaje Unión de Los cocos y la Av. Grau, se ve casi atormentada por las mototaxis: coloridas y musicales; por los ticos: frágiles, amarillos, chatos; y vehiculos particulares: autos modernos, camionetas de doble tracción, bicicletas, carretillas y burritos que, por las mañanitas, son arreados por campesinos que venden leche fresca.
Pasando la avenida Grau se siente el susurro frío y largo del parque infantil Miguel Cortés, conocido como la “Concha Acústica”. En este lugar se dan cita sabios jugadores de ajedrez, jóvenes que montan bicicletas bmx y enamorados que pululan con el atardecer y luego se pierden entre los hotelitos de quince y diez soles. La calle Huacavelica, la última de este recorrido, nos presenta las casas de la urbanización 4 de Enero y la Unidad Vecinal. Las casas son construidas a dos pisos la mayoría, con rejas negras y alambrado eléctrico. Esporádicos caminantes se atisban por las aceras, algunos con mascotas; sobrios wachimanes y traviesos colegiales que se pierden al doblar la esquina, donde las oficinas solitarias de Civa contrastan con el tumulto de la gente que viaja en Oltursa o Cial.
Así, la avenida Sullana es dinámica, comercial, serena, fresca, desordenada, --solitaria los domingos, solitaria y peligrosa en las madrugadas-- , y abarrotada de gente que conversa por celular, de gente preocupada y feliz, de gente cansada de la rutina, de gente que sube a motos, motos y motos….y ticos amarillos avanzando sobre pistas malas, occisas, hechas mierda.






